Detrás de la investigación
No es un relato técnico. Es la historia de cómo se construye una investigación real: con aciertos, errores, y correcciones a mitad de camino.
Una página de Facebook con reels de un "reportero" entrevistando gente en la calle. Nada fuera de lo común a primera vista — hasta que se notó que la misma cara aparecía una y otra vez, en escenarios distintos, hablando de temas muy distintos.
La pregunta inicial fue simple: ¿cuántos videos tiene esta página, y quién los ve?
Usando una herramienta de extracción de datos públicos, se recopiló la lista completa de videos de la página: 1,146 en total, cada uno con su número de vistas.
Esa cifra por sí sola ya llamaba la atención. Pero un número grande no es una investigación — hacía falta entender qué decían esos videos, no solo cuántas veces se habían visto.
El plan inicial fue leer el texto quemado en cada miniatura usando reconocimiento óptico de caracteres (OCR) — la tecnología que convierte una imagen de texto en texto real. El primer motor probado, Tesseract, devolvió resultados ilegibles: ruido, letras sueltas, nada usable.
Después de ajustar el recorte y el contraste de la imagen sin mejores resultados, se probó un segundo motor —EasyOCR, basado en redes neuronales— que sí funcionó, con una tasa de éxito cercana al 67% de las miniaturas.
Además del OCR, se exploró algo más técnico: el código que Facebook envía al navegador de cualquier usuario contiene mucha más información de la que se ve en pantalla — incluyendo el texto completo del post y la fecha exacta de publicación.
Con las herramientas de desarrollo que trae cualquier navegador (sin necesidad de acceso especial ni credenciales), fue posible extraer esos datos directamente para una parte de los videos.
El giro que cambió la investigación
Al cruzar las fechas reales de publicación con el calendario electoral de Colombia, apareció un patrón: un video sobre la victoria de Abelardo de la Espriella se publicó apenas un día después de la segunda vuelta real. Otro, sobre la posesión presidencial, se publicó 23 días antes del evento real. Y el video de mayor alcance de toda la página coincidía con el proceso judicial real de Nicolás Maduro en Nueva York.
No era ficción especulativa. Era una recreación, con actores de inteligencia artificial, de hechos que realmente estaban ocurriendo.
Un primer análisis automático de tono, aplicado a los titulares, mostraba una diferencia de trato entre distintos protagonistas políticos. Parecía suficiente. No lo era.
Al empezar a ver los videos completos —no solo los titulares— apareció algo inesperado: títulos que sonaban a crítica ("Abelardo no podrá usar símbolos patrios", "la crítica de Abelardo por regalar balones") resultaron, al ver el contenido real, ser piezas que mencionaban la controversia solo para defenderla.
El titular era el anzuelo. El contenido, la defensa.
No había atajo. Se vieron, uno por uno, los 50 videos que mencionan al presidente Abelardo de la Espriella.
Cero excepciones. Ni una sola pieza de crítica real y sostenida, incluyendo las que el titular presentaba como controversiales.
Facebook ofrece, para cualquier página pública, una sección de Transparencia accesible sin necesidad de acceso especial. Ahí se confirmó: la página fue creada el 12 de septiembre de 2025, la administra una sola persona, con país principal Colombia — sin verificación de identidad ante la plataforma.
Ese dato, por sí solo, permitió descartar una hipótesis inicial (que la operación viniera coordinada desde el extranjero) sin evidencia que la sostuviera.
Esta es la diferencia entre sospechar algo y poder probarlo: seguir cada dato hasta su fuente, corregir cuando el dato inicial resulta equivocado, y decir con claridad qué no se pudo comprobar.